"Lo que está quieto se deja quieto", no hace falta ser Gandhi para entender este adagio ancestral. Cuando niños, muchas de los regaños iban enfocados a comprender esta consigna sacada de la sabiduría popular; lograr que el infante comprendiera que tanto las personas como las cosas necesitan su lugar de reposo y descanso.
Venezuela intenta salir de un clima profundamente electoral, producto de una campaña política tormentosamente agresiva, unos resultados muy ajustados con una diferencia mínima, vitoreada por unos y negada por otros.
Un candidato, con su respectivo pueblo, exige conteo manual voto por voto, situación que no se ha hecho efectiva sino hasta hoy, 17 de abril de 2013, por medio de la petición de impugnación electoral, con su respectiva documentación. El dirigente opositor llamo el pueblo a la calle cuando este ya estaba en las afueras de las diferentes sedes del Consejo Nacional Electoral alrededor del país. Como siempre el pueblo va delante del líder.
Al día siguiente de los comicios el dirigente opositor hizo un llamado a sonar las cacerolas en santa paz, pero las fogatas y el descontento, así como la quema de algunas sedes del partido oficialista, los daños producidos a las rejas de las sedes del Poder Electoral y algunas otras violaciones al orden público, convirtieron el cacerolazo pasivo en vandalismo activo.
¡Vio!, gritaba la mamá indignaba cuando lo que estaba quieto se movía o tocaba y por un oscuro designio se precipitaba al suelo haciendose añicos. La respuesta de los oficialistas no se hizo esperar. Los militares reprimiendo en unas partes y defendiéndose en otras. Muertos de ambos lados, llamados de ambos lideres a la paz, y como si fueran títeres de la voluptuosidad olímpica ambos expresaron lo mismo desde sus respectivos micrófonos: La marcha a Caracas no va; se desconoce a los violentos y, finalmente, hay infiltrados violentos en nuestras filas.
Dado que los políticos siempre han existido, y los locos políticos, extremistas irracionales, nacieron el mismo día que esta se invento, vale la pena recalcar que las luchas no se ganan con piedras en la mano, que matándose entre hermanos lo único que logran es ahondar en es abismo que separa las visiones políticas. Llamar a la paz, a la tranquilidad, a la no violencia es la mejor forma de solucionar los problemas. Somos hijos de la misma madre, de esa Venezuela que tanto ha llevado del bulto por sus hijos tan peleoneros y tercos. Lo que está quieto se deja quieto, las situaciones conflictivas se solucionan en las oficinas con decisiones conjuntas no en medio de una preguerra civil.






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